Desafío
desafio 3
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Desafío 3 — Semana 1
Desafío 3 — Semana 1
renacer del caos, nuevo equipo y una idea que por fin motiva
Desafío 3 — Semana 1
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Desafío 3 — Semana 3
Desafío 3 — Semana 3
extensión inesperada, mejoras profundas y un proyecto que toma forma real
Desafío 3 — Semana 3
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Desafío 3 — Semana 4
Desafío 3 — Semana 4
ajustes finales, guion preparado y un equipo que funciona como equipo
Desafío 3 — Semana 4
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Desafío 3 — Semana 2
Desafío 3 — Semana 2
validación arriesgada, códigos reales y una sinergia que por fin funciona
Desafío 3 — Semana 2
Desafío 3 — Semana 1
Después del desastre del desafío 2, comenzar el desafío 3 fue casi terapéutico. Por primera vez nos permitieron armar nuestros propios grupos, y eso ya marcaba una diferencia enorme. Elegí trabajar con Tomy, Leo y Monse. Tomy es una de las personas más responsables del curso, con un compromiso real hacia su trabajo. Leo tiene un perfil profesional muy sólido: sabe lo que hace, ordena, aporta y piensa en términos reales de proyectos. Con Monse había que ajustar expectativas, pero creí que esta vez, con un equipo estable, ella podría aportar más.
Tomy lanzó la frase que definió la energía del grupo: “Quiero un 7.0”. Esa declaración me motivó al instante. Yo estaba dispuesto a responder a ese compromiso y volver a sentir que un proyecto grupal podía ser algo positivo y no un dolor de cabeza. Por primera vez en semanas, sentí ganas reales de crear.
El tema que nos asignaron fue una antología de poetas latinoamericanos. En vez de tomarlo desde lo clásico, quisimos reinterpretar la palabra “antología” llevándola a una estética contemporánea. Propusimos hacer una antología de raperos latinoamericanos, pero focalizados en aquellos cuyo contenido literario fuese profundo, poético y socialmente significativo. Sabíamos que era arriesgado y que al profesor podría no gustarle, pero también era una propuesta con identidad.
La semana 1 estuvo marcada por claridad y organización. Antes de escribir una sola línea de código, armamos wireframes en Figma. Buscamos coherencia visual, estructura clara, navegación lógica y una estética que representara el concepto. Los wireframes salieron rápido, lo que ya demostraba que el equipo funcionaba.
En clases nos recordaron las bases de la API REST, esta vez con la mente más clara después del caos anterior. Las rutas, los endpoints, la estructura JSON… todo tenía más sentido ahora que estaba en un equipo con mejor comunicación y que podía imaginar el cómo integrarlo realmente al proyecto.
Lo emocional fue completamente distinto a los desafíos anteriores. Sentí seguridad, motivación y tranquilidad. Había confianza en el equipo, ganas reales de hacer un trabajo bueno, y —lo más importante— comunicación. Esta semana marcó el inicio de un desafío que, sin saberlo aún, sería el mejor del semestre.
Nota del desafío
Desafío 3 — Semana 3
La tercera semana del desafío 3 comenzó con una sorpresa: nos dieron una semana adicional porque el curso en general iba atrasado o “falto de creatividad”. Si bien no era culpa nuestra, nos benefició enormemente. Tener más tiempo nos permitió refinar detalles, mejorar la experiencia de usuario y experimentar con animaciones que no hubiéramos podido integrar en una entrega normal.
Esa semana, el proyecto tomó forma de verdad. Comenzamos a unir todas las piezas: diseño, contenido, API, animaciones y estructura funcional. Leo avanzó con la conexión API REST en WordPress. Ver cómo consumía los campos ACF para mostrar imagen, nombre, país, discografía y citas en el modal fue increíble. Por primera vez sentí que estábamos usando WordPress como un headless CMS de verdad.
Tomy se dedicó a ajustar el responsive, y su trabajo fue impecable. Revisaba cada breakpoint, limpiaba estilos redundantes y se aseguraba de que la experiencia móvil fuera tan sólida como la desktop. Le daba una profesionalidad al proyecto que hacía mucho no veía en trabajos universitarios.
Monse comenzó a llenar los ACF con la investigación que yo había hecho. Buscó imágenes adecuadas, revisó tamaños, clasificó información y se aseguró de que el contenido tuviera coherencia con lo que la API iba a consumir. Esta vez su participación fue real y significativa.
Mi foco estuvo en mejorar la experiencia del modal: añadí fichas internas (tabs) para separar biografía, discografía y citas; generé un efecto parallax dentro del contenido para darle mayor dinamismo; probé animaciones con GSAP para que el modal no solo apareciera, sino que “entrara” con fluidez. También experimenté con la API de Spotify para integrar previews musicales. Aunque no era obligatorio, sentí que elevaba el proyecto a un nivel más contemporáneo.
Hubo algo especial esa semana: no solo estábamos cumpliendo con la pauta técnica, sino que estábamos construyendo algo que se sentía verdaderamente nuestro. Ya no era solo un desafío académico, sino un proyecto con alma.
El profesor tambi én comenzó a notar eso. Se mostraba agradado —aunque todavía no complacido con la idea de “raperos poetas”— pero reconoció que la ejecución era sólida y que había creatividad detrás de cada decisión.
Todo avanzaba mejor de lo que esperábamos, y por primera vez en todo el semestre, me sentí orgulloso de un trabajo grupal desde antes de entregarlo.
Nota del desafío
Desafío 3 — Semana 4
La última parte del desafío 3 fue un cierre perfecto para un proceso lleno de altibajos. Con la semana adicional, tuvimos tiempo para pulir detalles que usualmente se quedan botados en trabajos universitarios: microanimaciones, consistencia de tipografías, estructura semántica HTML, tiempos de carga y pequeñas mejoras visuales que hacen que un sitio pase de “bueno” a “profesional”.
Yo continué mejorando la experiencia del modal. Ajusté el efecto parallax para que fuera más suave y no generara saltos en scroll; añadí un microfade con GSAP en el cambio de pestañas internas; optimicé imágenes; revisé que los artistas seleccionados representaran correctamente la idea de rap como poesía contemporánea. Probé distintas curvas de animación en GSAP (power2.out, expo.easeOut, etc.) para hacer la apertura del modal más fluida. Era un nivel de detalle en el que no había podido trabajar en desafíos anteriores.
Leo finalizó la conexión API REST y dejó implementado un sistema limpio para consumir los ACF desde WordPress. Ver cómo todo se integraba gracias a sus habilidades fue clave para que el proyecto tuviera consistencia técnica.
Tomy terminó de afinar el responsive y se preocupó de que incluso en pantallas pequeñas la experiencia fuera elegante. Revisó la accesibilidad básica, contrastes, tamaños de fuente y espaciados. Fue el tipo de trabajo que hace que un sitio se sienta profesional.
Monse completó todos los campos, verificó imágenes, corrigió nombres y apoyó en la organización del contenido final. Su participación, aunque más suave que la de Tomy o Leo, fue real y constante.
Nos reunimos para preparar un guion claro y organizado para la presentación: quién hablaba primero, qué se explicaba, cómo mostraríamos el modal, desde qué perspectiva justificaríamos el concepto. Queríamos transmitir seguridad, dominio técnico y coherencia estética.
A diferencia de los desafíos anteriores, esta vez sentía tranquilidad. Sabía que el equipo funcionaba. Sabía que todos habían aportado. Sabía que el resultado era de calidad.
Esta semana me dejó una gran enseñanza: cuando un equipo está alineado, la creatividad florece. Y cuando hay comunicación, confianza y compromiso, cualquier proyecto puede transformarse en una experiencia potente.
Nota del desafío
Desafío 3 — Semana 2
La segunda semana del desafío 3 fue una de las más productivas y motivadoras del semestre. Llegamos a clase con nuestra propuesta clara: raperos latinoamericanos como poetas contemporáneos. Sabíamos que el profesor podría mirarla con recelo. Y así fue: lo llamó “una herejía poética”. Pero, sorprendentemente, también dijo algo clave: que podía volverse interesante si lo abordábamos con seriedad y respeto por la forma. Esa validación híbrida —crítica pero abierta— fue suficiente para avanzar con convicción.
A partir de ese momento, el equipo se distribuyó las tareas con una naturalidad que no había visto en ningún desafío anterior. Monse tomó la responsabilidad de las variables principales del estilo y comenzó a crear el header y el hero de la página. Su trabajo esta vez se notó desde el principio: prolijo, limpio, coherente, y sobre todo, presente. Era un cambio enorme respecto a su participación en el desafío anterior.
Tomy empezó a armar el menú y la estructura base. Su forma de trabajar es extremadamente organizada: documenta todo, prueba cada comportamiento responsive y revisa detalles micro, como márgenes, interlineados y espaciados. Trabajar con él es predictible y estable, algo que agradecí muchísimo después de los caos anteriores.
Leo tomó el modal inicial, la pieza fundamental donde se mostrarían los artistas. Analizó referencias, estructuró qué información debía aparecer y comenzó a preparar el esqueleto HTML que luego se vincularía con WordPress y la API REST.
Mi rol, en esta semana, fue de construcción conceptual y visual: hice la investigación de los raperos, recopilé fotos, seleccioné citas, estudié discografías y comencé a trabajar en un logo que representara la estética de la antología. Además, animé el logo, dándole una identidad más contemporánea y relacionada con la narrativa urbana.
Mientras tanto, la clase técnica de la semana se centró nuevamente en la API REST. Esta vez, la entendí desde un lugar completamente diferente. Ya no estaba solo memorizando rutas y formatos: podía visualizar cómo la API nos permitiría traer la información almacenada en ACF y desplegarla en el modal de cada rapero. Las rutas /wp-json/acf/v3/posts o /wp-json/wp/v2/posts ya no parecían abstractas: tenían propósito dentro del proyecto.
Lo más valioso de esta semana no fue el código en sí, sino la sincronía. Era la primera vez en todo el semestre que sentí que trabajaba en un equipo donde todos cumplían su rol, donde había comunicación auténtica, donde las ideas fluían y no había tensiones. Por primera vez, sentí que estábamos construyendo algo bueno no por obligación, sino porque queríamos que saliera bien. La motivación compartida le dio al proyecto un ritmo distinto, más profesional y más humano.
Nota del desafío