Desafío
Desafio 2
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Desafío 2 — Semana 1
Desafío 2 — Semana 1
nuevo grupo, viejas tensiones y primeras señales de conflicto con Brian
Desafío 2 — Semana 1
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Desafío 2 — Semana 2
Desafío 2 — Semana 2
conflictos abiertos, desorganización y el equipo comenzando a romperse
Desafío 2 — Semana 2
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Desafío 2 — Semana 3
Desafío 2 — Semana 3
caos absoluto, WP armado a presión y una presentación sin equipo
Desafío 2 — Semana 3
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Desafío 2 — Reflexión final
Desafío 2 — Reflexión final
dinámica tóxica, desgaste emocional y el golpe del 1.8
Desafío 2 — Reflexión final
Desafío 2 — Semana 1
Cuando comenzó el desafío 2, nos entregaron nuevos grupos y pensé que sería una oportunidad para un reinicio limpio. Esta vez me tocó trabajar con Brian, Monse y Sebastián. Tenía una relación previa con Seba: es competente, pero tiene una actitud particular respecto al trabajo grupal. Su frase fue clara desde el inicio: “No quiero ver nada administrativo, a mí déjame programar no más”. No era una mala disposición, pero sí una limitación que condicionaba la organización del equipo.
Monse seguía siendo participativa, aunque algo tímida. No aportaba mucho aún, pero al menos tenía buena disposición. El factor incierto era Brian: inicialmente lo percibí como “demasiado organizado”, pero no parecía conflictivo. Sin embargo, esa primera impresión cambió rápidamente.
Durante esta semana, Brian tomó el liderazgo sin que nadie se lo pidiera. Se adueñó de la conversación y comenzó a hablar todos los días en el chat grupal. A primera vista, podría interpretarse como proactividad, pero en la práctica comenzó a generar incomodidad: imponía ideas, enviaba largos textos de organización y esperaba respuestas inmediatas. Sentí que Seba evitaba participar justamente por esto, y yo intentaba mediar sin tomar partido.
Mientras tanto, en clases veíamos la API REST de WordPress (https://ajax.luisfel.com/#wordpress_y_api_rest_), algo que resultó ser un mundo completamente nuevo. Aunque creía entender cómo funcionaban las rutas, los endpoints y la estructura JSON, me di cuenta más tarde de que me faltaba mucho por comprender. La teoría era interesante, pero necesitaba práctica para consolidarse.
Durante esta primera semana no nos juntamos presencialmente. Todo quedó en palabras y diagramas mentales. Brian insistía en organizar, yo trataba de apoyarlo sin invalidarlo, Monse participaba a ratos, y Seba prácticamente lo ignoraba por completo.
Aunque el ambiente parecía “funcional”, ya se sentían tensiones silenciosas: Brian avanzaba solo, Seba no quería lidiar con él, Monse respondía poco y yo actuaba como un puente intentando que el equipo no colapsara.
Mi sensación general al terminar la semana era ambigua: por un lado, sentía que técnicamente el desafío sería más complejo; por otro, ya se veía venir que las dinámicas humanas iban a ser un obstáculo. Por primera vez pensé: “Si esto sigue así, vamos a tener problemas más adelante”. Y no me equivoqué.
Nota del desafío
Desafío 2 — Semana 2
La segunda semana del desafío 2 fue el punto donde las tensiones comenzaron a mostrarse abiertamente. Ya no eran señales sutiles: ahora eran problemas concretos en comunicación, participación y respeto de acuerdos.
A mitad de semana hablé con Seba y me confesó que Brian le cargaba. Me explicó que en desafíos anteriores había tenido malas experiencias con él, y que eso influía en su actitud actual. Esa conversación me hizo entender por qué Seba mantenía distancia: no era flojera, era rechazo directo. Intenté mediar nuevamente, pero sabía que el conflicto venía de antes.
Por otro lado, Monse me comentó que Brian le estaba escribiendo en privado de manera insistente, dándole instrucciones y presionándola para avanzar. Eso me preocupó, porque ya no era solo una dinámica incómoda: era invasiva. Intenté hablar con Brian para pedirle que escuchara al equipo, pero fue inútil. No respetó lo que habíamos acordado en la clase. Tres días después llegó con algo completamente distinto a lo planificado, porque “era lo que a él le gustaba”. El equipo simplemente se quebró ahí.
A nivel técnico, yo traté de mantenerme enfocado, así que empecé a armar WordPress por mi cuenta. La API REST que nos estaban enseñando seguía siendo difícil de aterrizar, pero al menos iniciar la estructura del sitio me ayudaba a sentir que no estábamos tan atrasados. Brian hablaba todos los días, pero sin coordinar. Seba estaba desconectado por completo. Monse solo se quejaba de Brian pero no avanzaba. Y yo me encontraba con el doble peso: sostener comunicación y tratar de salvar el proyecto.
Esta semana fue emocionalmente desgastante. Sentía frustración, porque trabajábamos peor que en el desafío anterior, incluso teniendo más herramientas técnicas. Mientras yo intentaba empezar la conexión a la API, investigaba sobre endpoints, revisaba documentación y experimentaba con rutas /wp-json/wp/v2, el grupo seguía desarticulado. La parte técnica avanzaba, pero la humana retrocedía.
Comprendí algo importante: un grupo puede tener talento, pero sin comunicación y respeto, no sirve. Esta semana fue un recordatorio de que las dinámicas personales afectan directamente el rendimiento técnico. Si la gente no se siente cómoda, no participa. Si no participa, el proyecto se rompe. Y así estábamos: fracturados, avanzando sin rumbo y con la sensación de que lo peor aún estaba por venir.
Nota del desafío
Desafío 2 — Semana 3
La tercera semana del desafío 2 fue, sin duda, la más caótica del semestre. Llegó el momento en el que debíamos unir todo el trabajo previo, pero el equipo ya estaba fracturado. Para ese punto, Brian seguía hablando todos los días como si estuviera liderando un proyecto unipersonal, Monse se quejaba constante pero no concretaba nada, y Seba apenas participaba porque su MAMP estaba desactualizado. En medio de todo eso, yo trataba de sacar adelante el WordPress completo.
En teoría, los últimos días íbamos a trabajar entre los tres que aún teníamos disposición: Seba me mandó algunos archivos PHP de módulos que había empezado; Monse, en cambio, se desentendió nuevamente, diciendo que no sabía hacer la conexión. Brian seguía insistiendo en ideas que solo él entendía. A dos días de la entrega, estaba claro que si alguien no tomaba el control técnico, no tendríamos nada para presentar.
Esa noche armé prácticamente todo el WordPress. Me basé en lo que recordaba del material de la API REST (https://ajax.luisfel.com/#wordpress_y_api_rest_). Revisé rutas, probé solicitudes en /wp-json/wp/v2/posts, intenté generar un consumo mínimo desde la plantilla y busqué la manera de conectar módulos PHP con el contenido dinámico, aunque no fue perfecto. Me quedé hasta tarde intentando comprender algo que, en ese momento, no manejaba del todo: cómo hacer que el front recibiera lo que WordPress entregaba. Estaba aprendiendo algo que no alcanzaría a ocupar de forma correcta, pero era lo mejor que podía hacer.
La segunda noche previo a la entrega pedí ayuda y logré corregir algunas partes, pero aún así el proyecto se sentía frágil. Yo era la única persona realmente trabajando. Nadie me preguntó nada, nadie ofreció apoyo. Brian seguía hablando como si estuviera haciendo todo. Seba estaba desconectado, atrapado en su MAMP desactualizado, y Monse simplemente desapareció.
La mañana de la presentación fue un golpe emocional fuerte. No pude llegar a clases porque alguien debía subir los archivos al servidor y dejar todo funcionando. Le pregunté a Brian si podía entrar más tarde, y me respondió que no estaban dejando entrar a nadie. Después, Monse me avisó que sí estaban dejando entrar a gente. Sentí decepción, molestia y una sensación de abandono profundo.
La presentación, según me contaron, fue un desastre. Brain improvisó una presentación que había hecho la noche anterior, ignorando completamente el guion que yo había dejado para que no se quedaran sin qué decir. Como nadie lo leyó, cuando llegó el momento de mostrar las partes importantes del proyecto, no supieron explicarlas. Todo salió mal, y ese “mal” era evitable.
Esta semana me enseñó algo duro: no importa cuánto trabajes si tu equipo no trabaja contigo. Y entendí que el mayor desgaste no es el técnico: es el emocional.
Nota del desafío
Desafío 2 — Reflexión final
Al cerrar el desafío 2, sentí una mezcla de agotamiento, rabia contenida y frustración profunda. Este fue, sin exagerar, el peor proyecto grupal del semestre. No por la dificultad técnica —porque la API REST, WordPress y los módulos PHP eran difíciles, sí, pero manejables— sino por la dinámica humana, que terminó destruyendo cualquier oportunidad de avanzar.
El problema principal fue Brian. Su actitud invasiva, dominante y desorganizada provocó que el equipo completo se alejara. Seba directamente lo ignoraba porque ya tenía una historia negativa con él. Monse se sentía incomodada por sus mensajes privados y su insistencia. Y yo quedé atrapado entre todos, tratando de sostener un equipo que no quería estar unido.
A nivel técnico, este desafío fue un torbellino. Aprendí más de WordPress en tres noches que en semanas de clases. Configuré plantillas, moví archivos, traté de enlazar la API REST, verifiqué rutas como /wp-json/wp/v2/posts, intenté generar estructuras modulares en PHP y me forcé a entender algo que aún no dominaba. El avance existió, pero fue solitario y extremadamente desgastante.
Lo emocional fue lo más difícil. Me esforcé por ayudar, por mediar, por mantener todo unido. Pero cuando llegó la presentación y no me dejaron entrar —seguido por el mensaje de Monse diciendo que sí estaban dejando entrar— sentí una mezcla de traición y vacío. Yo había cargado el proyecto y, aun así, quedé fuera del cierre. Esa sensación no se me olvidará fácilmente.
El 1.8 como nota final fue el reflejo exacto de la experiencia. No fue un accidente ni un castigo injusto: fue la consecuencia natural de un equipo que nunca funcionó. Dolió, sí, pero también enseñó. Aprendí que no puedo salvar un equipo solo, que no es mi rol rescatar a personas que no quieren colaborar, y que la comunicación no se fuerza. Aprendí que un proyecto puede tener potencial técnico, pero si la dinámica es tóxica, se derrumba por completo.
Este desafío me mostró el peor lado del trabajo colaborativo, pero también me fortaleció. Aprendí a identificar señales de mala organización, a reconocer cuando un grupo está destinado a fallar y a cuidar mis límites personales. Y, aunque la nota fue la más baja que he tenido, fue también la que más me enseñó sobre mí mismo y sobre los demás.
Nota del desafío