Desafío
Desafío 1
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Desafío 1 — Semana 1
Desafío 1 — Semana 1
inicio irregular, tensiones personales y primeras clases de AJAX
Desafío 1 — Semana 1
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Desafío 1 — Semana 2
Desafío 1 — Semana 2
La segunda semana del desafío 1 trajo consigo un caos silencioso que mezclaba creatividad, desorden y decisiones tomadas sin mucha estructura.
Desafío 1 — Semana 2
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Desafío 1 — Semana 3
Desafío 1 — Semana 3
producción real, Bootstrap, carrusel y la presión del cierre
Desafío 1 — Semana 3
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Desafío 1 — Semana 4
Desafío 1 — Semana 4
exceder la rúbrica, autocrítica y el aprendizaje humano-técnico del primer desafío
Desafío 1 — Semana 4
Desafío 1 — Semana 1
El inicio del desafío 1 estuvo atravesado por una mezcla incómoda de emociones y expectativas técnicas. Apenas nos entregaron los grupos, supe que sería un reto más complejo de lo habitual. Me tocó trabajar con Matías, quien había sido mi amigo, pero en ese momento estaba molesto conmigo y había decidido dejar de hablarme. Aunque quería que las cosas fueran como antes, elegí no insistirle. Esa distancia personal marcó desde el inicio la energía del equipo, porque trabajar con alguien que no está dispuesto a comunicarse crea silencios que afectan a todos.
Además del detalle con Matías, el grupo incluía a Monse, con quien nunca había trabajado; Mario, prácticamente un desconocido; y Constanza, con quien me llevaba bien porque teníamos conexión a través del MIM, pero sin experiencia colaborativa directa. Era un equipo heterogéneo, con potencial, pero con dinámicas todavía no exploradas.
Durante esta semana, en clases comenzamos a estudiar las llamadas AJAX y sus diferentes tipos a través del recurso https://ajax.luisfel.com/#json. Comprender la lógica de las peticiones asíncronas, el uso de JSON, la estructura de los callbacks y cómo el cliente interactúa con el servidor me abrió una puerta técnica importante. Era como ver cómo “respiraba” una página web más allá de su HTML estático. Sin embargo, mientras me interesaba la teoría, estaba emocionalmente dividido por el proyecto del MIM, que absorbía gran parte de mi atención.
A nivel de trabajo grupal, la semana fue prácticamente improductiva. Aunque asistimos a clases, nadie avanzó en el proyecto. Aun así, el ACBD comenzó a generar una estructura mínima. Por muy criticado que sea, nos obligaba a pensar en pasos, procesos y objetivos. Incluso cuando el grupo no hablaba, la metodología funcionaba como un empujón silencioso hacia la organización.
La comunicación interna era casi nula. Nadie decía mucho y nadie tomaba la iniciativa. Yo terminaba siendo la persona que intentaba mantener los puentes abiertos, pero tampoco quería asumir un liderazgo forzado. La tensión con Matías hacía que incluso las conversaciones laborales fueran incómodas, y eso afectó el ambiente general.
Lo irónico es que en la misma semana que aprendíamos sobre AJAX —una herramienta centrada en la comunicación constante entre cliente y servidor— nuestro grupo estaba viviendo lo contrario: una falta total de comunicación. Una metáfora demasiado adecuada.
Aunque no hubo códigos escritos, ni wireframes, ni planificación concreta, esta semana me permitió reflexionar sobre la importancia de separar lo personal de lo académico. También me hizo ver que puedo comunicar bien, pero que eso pierde valor si el equipo no tiene disposición para conectar. Sin comunicación, por más conocimientos técnicos que uno tenga, ningún proyecto avanza. Esta primera semana fue un recordatorio de que los equipos necesitan más que habilidades: necesitan diálogo.
Nota del desafío
Desafío 1 — Semana 2
En mi ausencia, el grupo tomó su primera gran decisión: nuestro proyecto sería una “boutique de plátanos”. Al escucharlo por primera vez, no pude evitar reír. Era absurdo y al mismo tiempo interesante. Una boutique estilizada, elegante, minimalista… pero de plátanos. El concepto tenía potencial gráfico si lográbamos jugar con la ironía de darle estatus a algo tan cotidiano. Sin embargo, la idea llegó sin análisis, sin wireframes, sin roles claros y sin considerar cómo justificarlo técnicamente.
Monse y Mario se juntaron esa mañana, pero yo no pude sumarme por razones laborales. Constanza no aportó demasiado, pero tampoco se opuso. Al volver, encontré un equipo que había decidido algo grande… sin construir ninguna estructura alrededor. Teníamos una idea, pero no un proyecto.
En paralelo, en clases continuábamos aprendiendo sobre AJAX: métodos GET y POST, cómo estructurar un $.ajax(), cómo manejar errores con .fail(), y la importancia del formato JSON. Aunque ya entendía mejor la lógica, todavía no veía cómo podría aplicarlo a un proyecto cuyo concepto era más estético que funcional. La parte técnica avanzaba, pero el grupo no lo hacía.
Lo emocional seguía afectando todo. Matías continuaba distante, Monse participaba pero sin tomar demasiada iniciativa, Mario parecía presente pero reservado, y yo estaba repartiendo mi energía entre este desafío y el MIM. Existían momentos donde sentía verdadera culpa: sabía que podía aportar más, pero mi mente estaba enfocada en otro proyecto.
La comunicación no mejoró durante la semana. Las decisiones parecían tomarse porque sí, sin discusión previa ni análisis de factibilidad. La boutique tenía potencial creativo, pero no teníamos nada más. Ningún código, ninguna estructura, ninguna organización.
Esta semana me dejó una lección clara: una idea creativa no basta sin planificación. Por más chistoso o atractivo que sea un concepto, si el equipo no genera roles, tiempos, tareas ni comunicación, el proyecto se convierte en humo.
Fue una semana donde, pese a la risa inicial del concepto, me di cuenta de que estábamos avanzando hacia una entrega sin cimientos. Y que un equipo distraído y desconectado puede transformar una buena idea en un problema.
Nota del desafío
Desafío 1 — Semana 3
Mi aporte más significativo fue la construcción de un carrusel usando la referencia propuesta de Bootstrap (https://www-sliderrevolution-com.translate.goog/resources/bootstrap-carousel/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc). Este componente me exigió revisar la estructura completa: contenedor .carousel, elementos .carousel-item, indicadores, botones de desplazamiento y la lógica responsive. Entendí cómo un carrusel puede romperse por un solo div mal ubicado o por un atributo faltante. Fue un aprendizaje técnico real.
Durante esas dos noches intensas, las chicas no se unieron, pese a que las avisamos. El peso del proyecto recayó únicamente en Matías y en mí. Y aunque eso generaba frustración, entendía que estas dinámicas se repiten con frecuencia: quienes sienten más responsabilidad acaban haciendo más, incluso cuando no les corresponde.
La entrega final fue un arma de doble filo. Construimos un proyecto visualmente llamativo, con efectos, un carrusel funcional y una estética cuidada, pero nos excedimos. Hicimos más de lo que pedía la rúbrica y eso terminó perjudicándonos. Cuando Matías llenó la evaluación, yo me autoevalué con sinceridad. No quise inflar mi nota. El 4.8 que obtuvimos fue un reflejo de un trabajo hecho bajo presión, con poca estructura inicial y con roles asumidos a la fuerza.
Esta semana me dejó aprendizajes importantes: que trabajar más no significa trabajar mejor, que la comunicación inicial define todo el proceso, y que un equipo silencioso siempre termina produciendo a última hora. Técnicamente aprendí sobre Bootstrap, componentes modulares y buenas prácticas de maquetación. Humanamente aprendí que, sin diálogo, incluso los mejores esfuerzos se sienten incompletos.
Nota del desafío
Desafío 1 — Semana 4
Al llegar al final del desafío 1, sentí una mezcla de alivio, frustración y aprendizaje acumulado. Lo que había comenzado como un proyecto con muchas tensiones internas terminó convirtiéndose en un ejercicio de realidad: un recordatorio de que la comunicación, los límites y la planificación importan más que una idea bonita o un sitio visualmente espectacular.
Después de las dos noches de trabajo intenso, Matías y yo logramos construir un sitio mucho más complejo de lo que se nos pedía. Teníamos un carrusel funcional, secciones cuidadas y un diseño visual llamativo. Sin embargo, la rúbrica exigía claridad en otros aspectos que, por trabajar contra el tiempo, no dimensionamos bien. El resultado final fue un proyecto que impresionaba visualmente, pero no estaba alineado con los criterios evaluados. Y eso se reflejó en la nota: un 4.8, justo, consistente y que a la vez dolía un poco.
Cuando Matías completó la rúbrica y yo hice mi autoevaluación, tuve que enfrentarme a algo incómodo pero necesario: reconocer que pude haberme puesto una nota más alta, pero no correspondía. No había cumplido al 100% en organización ni en comunicación grupal. Sentí que había aportado mucho técnicamente en los últimos días, pero que eso no borra la falta de estructura de las semanas anteriores. Autoevaluarme con honestidad fue un acto de madurez.
Desde lo emocional, cerrar este desafío me dejó una sensación agria. La distancia con Matías no mejoró; solo se suspendió temporalmente para poder trabajar. Las chicas participaron poco y el peso recayó en dos personas. Y aunque cualquier grupo puede tener dinámicas desbalanceadas, esta vez ese desequilibrio condicionó todo el trabajo. Me quedó claro que, si no se establece comunicación y roles desde el primer día, el proyecto termina dependiendo del instinto y del estrés.
A nivel técnico, sí hubo logros importantes. Aprendí cómo estructurar un carrusel en Bootstrap, cómo organizar componentes, cómo identificar fallas por etiquetas desordenadas y cómo optimizar el responsive. Además, las clases sobre AJAX y JSON comenzaron a tener sentido práctico; aunque no usamos AJAX en este proyecto, ya estaba construyendo un marco mental para comprender cómo interactúan las interfaces dinámicas con los datos.
Lo central de esta reflexión es que entendí que no basta saber programar o diseñar. Los proyectos colaborativos requieren hablar, acordar y ser responsables. Todo lo que faltó en la semana 1 y 2 volvió como un boomerang en la entrega. Y aunque la nota no fue alta, sí siento que este desafío sentó las bases para reconocer errores, ajustar dinámicas y enfrentar el siguiente con más claridad.
Nota del desafío